Educación desde primera edad: herramientas para un Chile mejor

Por Daniela Aldoney, candidata a la Convención Constitucional por el Distrito 6

La educación es el instrumento que hace posible que cada persona desarrolle sus potencialidades al máximo y posteriormente pueda aprovechar sus frutos. La Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que la educación es tanto un fin en si mismo como un medio esencial para alcanzar la inclusión y disminuir las desigualdades. Por tanto, la educación es un derecho, y no solo un bien importante que las sociedades deben proteger.

En Chile se ha logrado una cobertura de la educación escolar de más de un 90% la cual se encuentra por encima del promedio de América Latina. Sin embargo, esta realidad no se evidencia en la educación inicial, en la que Chile tiene una de las tasas de cobertura más bajas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). De los niños entre 0 a 3 años, sólo el 44% tiene acceso a educación inicial, lejos del promedio internacional, que supera el 70%.

Esta realidad debe cambiar, ya que se ha demostrado el efecto positivo que tiene la educación inicial en el desarrollo de niños y niñas, especialmente para aquellos provenientes de sectores vulnerables (Cortazar, 2015). En Chile la brecha en el rendimiento ya es observable a temprana edad, incluso antes que los niños ingresen al sistema escolar (Urzua, 2013). Esta brecha de disminuye si los niños/as acceden a educación inicial de calidad. Debiese ser entonces una prioridad que más niños y niñas asistan a educación inicial.

¿Por qué en Chile tantos niños no asisten a salas cunas o jardines infantiles?

Una razón importante es la disponibilidad. En los últimos 10 años, se han creado más de 800 salas cunas y jardines infantiles. Lo cual ha permitido aumentar los cupos de manera importante, sin embargo, según datos proporcionados por Educación 2020, aún existe una lista de espera que supera los 50 mil niños para ingresar al sistema público. No solo nos falta infraestructura, sino también capital humano. Chile tiene un gran déficit de educadoras y técnicas en atención de párvulos. Diversas organizaciones han proyectado que para el 2025 existirá un déficit de casi 7000 profesionales de la educación inicial (Elige Educar & Fundación Educacional Oportunidad).

Otra razón puede ser desinterés o desconocimiento. Según los datos CASEN la principal razón dada por las madres ante la no matricula de su hijo/a la educación preescolar fue “No es necesario porque alguien lo puede cuidar en casa”. Los datos indican que hasta los 5 años de vida la madre es el principal cuidador del niño. Temor a que se enfermen o a no ser bien cuidados son otras de las razones dadas.

Si queremos un país que entregue las condiciones para que todas y todos podamos forjar nuestro propio plan de vida de manera digna, la educación inicial debe ser un foco central. Primero, por su aporte al desarrollo positivos de niños y niñas y por el efecto que tiene en disminuir las brechas asociadas al nivel socio económico. Niños y niñas podrían acceder a educación inicial en centros educativos (Jardines Infantiles por ej.), como también a través de instancias como atención domiciliaria – u online- de estimulación, ludotecas y/o programas de estimulación temprana y habilidades parentales, para aquellos cuidadores que decidan dejar a sus hijos en casa durante los primeros años de vida.

Segundo, por que es mayoritariamente la mujer (la madre y en menos medida la abuela) la que asume el cuidado de infantes, lo cual impone limitaciones importantes a su inserción al mercado laboral. Debemos crear una sociedad en que todos tengamos derecho a cuidar y ser cuidados y a elegir nuestro rol en la sociedad. Un Chile en que la protección y cuidado de la infancia sea una tarea de todas y todos los chilenos.

¿Cómo puede contribuir la Constitución a lograr esto?  

Mi propuesta es que la Nueva Constitución debiese al menos:

  1. Transitar de un Estado subsidiario a uno social de derecho. Es decir, un Estado basado en el principio de solidaridad, que tenga un rol activo en combatir las desigualdades (por ej. acceso a la educación de calidad para todos y todas desde los primeros años de vida).
  2. Reconsiderar la responsabilidad del cuidado (no solo a niñas y niños, sino también de adultos mayores o personas en situación de discapacidad) como algo privado, familiar y femenino, y asumirlo como una responsabilidad colectiva, pública y universal. Garantizar educación inicial para todos y todas sería un ejemplo.
  3. Consagrar la educación pública como un valor social dirigida colectivamente hacia objetivos sociales, y a la educación en general como un derecho que está sobre las reglas del mercado. Cuando la educación está sujeta al mercado la calidad se tiende a distribuir desigualmente.

Esta lista de propuestas es claramente no exhaustiva, hay más áreas en que la constitución debe ser cambiada. Te invito a seguir leyendo mis propuestas y aportar con las tuyas.

Voy por un Chile en que la protección y cuidado de los niñas y niños sea una tarea de todas y todos los chilenos.

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